casa del padreniño portuguesapaco da el cante
forajidos de leyendaurano y saturnola vuelta al mundo de un caracol
spanish tingleun pais entre dos aguasun flamenco en el real
sexteto en la carreteramusico, actor y personaje
espejo del almadoctor de la guitarraraices profundas
mejor persona que artistadicen de elno hay toque de retirada

El disco “Luzía” supuso una catarsis para Paco. Era el reflejo del luto que le causó la muerte de sus padres, la tan temprana de su hermana María y la de su otro yo, Camarón de la Isla. A las primeras, siguió el dolor. A la última, también la rabia: un sórdido rumor sin fundamento hizo correr la especie de que Paco de Lucía se había quedado con los derechos de autor que correspondían a su amigo muerto. Durante décadas y a pesar de los desmentidos de la SGAE, de los flamencólogos y de los propios flamencos, la calumnia siguió contaminando su recuerdo. El guitarrista estuvo varios meses sin poder tocar y varios años buscando una voz que aliviara su pena. Él no sólo sabía que el trono del cante flamenco estaba vacío sino el de su corazón, también. De ahí el grito lastimero, entonado por su propia voz, de una seguidilla titulada como ese álbum. De ahí, el silencio catedralicio de la rondeña que lleva el nombre de Camarón.

Su hermana María falleció prematuramente.
Pepe, María, Paco y Ramón, en el entierro de su padre.
Paco posa ante la portada de su disco más intenso.

"Yo no sé definirme a mí mismo, yo estoy tratando de encontrarme todavía".

(Declaraciones de Paco de Lucía en la presentación de 'Luzía'. Madrid, 1998)

 

 
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