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| El disco “Luzía” supuso una catarsis para Paco. Era el reflejo del luto que le causó la muerte de sus padres, la tan temprana de su hermana María y la de su otro yo, Camarón de la Isla. A las primeras, siguió el dolor. A la última, también la rabia: un sórdido rumor sin fundamento hizo correr la especie de que Paco de Lucía se había quedado con los derechos de autor que correspondían a su amigo muerto. Durante décadas y a pesar de los desmentidos de la SGAE, de los flamencólogos y de los propios flamencos, la calumnia siguió contaminando su recuerdo. El guitarrista estuvo varios meses sin poder tocar y varios años buscando una voz que aliviara su pena. Él no sólo sabía que el trono del cante flamenco estaba vacío sino el de su corazón, también. De ahí el grito lastimero, entonado por su propia voz, de una seguidilla titulada como ese álbum. De ahí, el silencio catedralicio de la rondeña que lleva el nombre de Camarón.
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